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viernes, 21 de mayo de 2010

DUELES

Dueles
Dueles en mi vientre, dueles en milimetros
Dueles en ojos, dueles en manos…

Dueles en mis miedos, en mis inseguridades
Dueles en mi incertidumbre, dueles en mis pechos

Dueles en mi esperanza, dueles en mis aspiraciones
Dueles en mis piernas, dueles de alegria y felicidad.

miércoles, 7 de mayo de 2008

II
Un remolino de sinrazones y deseos de poder envuelven mis sábanas. Y te pienso irreal e indescriptible. Tus lágrimas apócrifas recorren la curva de mi espalda, mientras que tus miedos entumecen mis muslos. Tus ansias de venganza humedecen mis labios y tus brazos envuelven las caderas de mi orgullo. Mis gemidos besan tus manos y mis temores bañan las costas de tu cuerpo. Me fundo en laberintos prolíficos mientras que las sinrazones y deseos de poder se asoman por debajo de mis sábanas.

martes, 15 de abril de 2008

SE FUE...

Para P.I.

Se fue. Se convirtió en polvo; y por más que trate de inmortalizarlo, no puedo. Nació del polvo y volvió a él. Y puede que nada de lo que haya hecho tenga sentido; puede que no haya dejado nada, que su estadía en este mundo haya sido un simple camino, un pasaje de un lado a otro sin objetivos, sin fundamentos (si es que existe ese otro lado). Y no puedo entenderlo.
Que todo lo que haya dejado sea simplemente éste, mi recuerdo y mi impotencia de querer retenerlo y no poder. Desapareció, ya no está; y me invade esa sensación de vacío insoportable de no poder volver a abrazarlo, de tener que resignarme a haber perdido su sombra, su sonrisa. Escarbar sin cansarme en el pasado y no poder recuperarte. Desesperarme, hundirme. Que me sangre la memoria, que lloren los ataúdes, que tiemble la tierra, que las velas no se consuman jamás.
Que el látigo del tiempo deje de azotarnos: que logremos inmortalizarte.
Que tus ojos nos sonrían por siempre. Que tus pies peregrinen por nosotros, pobres miserables, a quienes hemos sido privados de tu compañía.
Que no me canse de recordarte jamás, que no pueda dejar de imaginar tu sonrisa entre multitudes de quejas. Que nadie me arranque tu imagen, así como me arrancaron tu cuerpo y tus caricias.
Que repique tu voz en mi alma eternamente: que ningún ser apague jamás tu grito incandescente.
Perdóname por el tiempo perdido, por las culpas reprochadas, por ese abandono inconsciente, involuntario, irreversible.
Quiero volverme polvo con vos, si ya nada tiene sentido... si permanecer a tu lado es renacer.
No quiero volver a levantarme si no puedo tener el calor de tus mejillas, si no tengo la suavidad de tus caricias, si no puedo respirarte.
Quiero que me devuelvan lo que me sacaron sin razón alguna. Sentir que todo cambia de color, que existe algo mejor, que hay algo más allá de estas paredes frías, de estas palabras vacías.
Dejar de respirar para que puedas mover un brazo. Arrancarme la lengua para que puedas ver, cortarme las manos para que vuelvas a sonreír. Convertirme en polvo para devolverte la vida. Que vuelvas a crearme. No poder dejar de pensarte, inmortalizarte.

lunes, 31 de marzo de 2008

I
Un vidrio roto en el que se refleja tu sombra y el humo del cigarrillo que dibuja tu figura. El aire que respiro tiene incrustado tu nombre. La luz del farol refleja tu mirada en la luna que se encoge. La oscuridad que impide vislumbrar la imagen de tu alma en un sinfín de laberintos que me absorben.

miércoles, 19 de marzo de 2008

ALARIDO



Grito, grito, grito. Mi voz no se oye a través de estas paredes de arena, de este cuarto frío que se disuelve entre mis lágrimas.

No hay nadie del otro lado. Gritar es en vano. Nadie comprende, nadie mira, nadie siente, a nadie le importa.

sábado, 8 de marzo de 2008

CRISTALES

La imagen en el espejo me devuelve un otro desconocido. Un otro que es todos y que es nadie. Uno que llora y se rie, uno que no puedo alcanzar. Uno que no me deja vislumbrar sus motivos.
Alguien que me muestra retratos pasados, que me habla de plazas y calesitas. Alguien que se me escapa, alguien que tiene que acercar una silla para mirarse en el espejo.
Un otro desconocido. Uno que es nadie y que es todos.

miércoles, 27 de febrero de 2008

PARTIDA

No puedo dejar de pensarte pálido e indescriptible. Irreverente y despiadado. Incapaz de respetar los últimos momentos de tus víctimas putrefactas. Insolente.
Vestido de gris y con mirada de vidrio; frío, impaciente. Pendiente de los malditos tic-tac del reloj, de esos últimos latidos desesperados. y resistentes.
Tus labios morbosos y llenos de fuego, mordisqueando las ultimas palabras de tu víctima agonizante.
Tus manos blancas y temblorosas anunciando el apocalipsis.

miércoles, 20 de febrero de 2008

EL ENEMIGO DE J.L.B.

Completo el post anterior con el cuento, a pedido del público.

En “El oro de los tigres” (1972) Jorge Luis Borges.
Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con un bastón, con el torpe bastón que en sus viejas manos no podía ser un arma sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no sé griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dio unos pasos inciertos, soltó el bastón, que no volví a ver, y cayó en mi cama, rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero sólo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.
Me incliné sobre él para que me oyera.
-Uno cree que los años pasan para uno –le dije–, pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.
Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver. Me dijo entonces con voz firme:
-Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Lo tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso.
Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y sólo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:
-Es verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es aquel niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.
-Precisamente porque ya no soy aquel niño –me replicó– tengo que matarlo. No se trata de una venganza sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.
-Puedo hacer una cosa –le contesté.
-¿Cuál? –me preguntó.
- Despertarme.
Y así lo hice.

A UN CUENTO DE J.L.B.

Sus argumentos son meras estratagemas de su dolor para que no lo mate.
Sí, así, suplique que me produce placer. Arrástrese como el más bajo de los reptiles hasta que le sangre el vientre, hasta que se retuerza de dolor. Grite hasta quedarse sin garganta. Aplástese de dolor, llore por todos los órganos, llore a lágrima viva. Y sobre todas las cosas: implore piedad.

CADAVER EXQUISITO

Soy ese torbellino de lenguas estridentes que se posan sobre la palma de tu mano y lamen las plantas de tus pies. Soy ese sinsentido escalofriante que carcome tu espina dorsal; ese cadáver exquisito e insepulto. Soy ese puñado de arena que se escurre entre tus dedos y esa llama que te deja sin aliento. Esa catedral de reproches y escenas repetidas, ese fantasma del deseo enmascarado, ese laberinto interminable de tus males escogidos: tu eterna pesadilla.